viernes, 26 de septiembre de 2008

Saludos cordiales.

Hola amigos:
Aprovecho esta oprotunidad para desear las mas ricas bendiciones a todos los que visite este espacio que solo busca el bendecir a todo aquel que necesita de Dios en su vida.

Durante estos dias Dios me ha permitido junto a mi esposa , realizar un viaje de vacaciones fuera de mi pais, y es una alegria el poder ver como Dios esta moviendo y sobre todo utilizando a los jovenes de diferentes iglesias y lugares para dar a conocer el mensaje de Cristo a las naciones.

En este lugar en algunos momentos se encuentran algunos problemas de idioma, pero Dios siempre usa los medios necesarios para dar a conocer su mensaje, la musica, el teatro, las artes, el trabajo social. etc
Eso me hace pensar que muchas veces al mas minimo problema nos desmoralizamos y deseamos tirar la toalla, y resulta que si nosotros reusamos hacer el trabajo que Dios necesita, El tomara los medios y las personas necesarias para realizarlo.
Solo te encargo una cosa, si las cosas se ven complicadas en tu ministerio, iglesia, grupo juvenil, comuna , familia, etc. no te desanimes, Dios te ayudara a salir adelante con el mandato, por dificil que se vea.

Solo entregate en sus manos y seras de bendiciõn para todo el que te rodea.

No te preocupes, Dios tomara los medios, deja que te tome a ti tambien.

Nos vemos y espero sus comentarios

Chao y nuevamente me resta decir.
Que Dios te bendiga.

Patricio (el viajero)

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Adora...¡en Espíritu y en verdad!.


Si eres un apasionado de la adoración, quizás habrás leído muchos artículos, tal vez has asistido a varios seminarios en diversos congresos u oíste a un elocuente predicador explicar cuál es y cómo ofrecer una Verdadera Adoración.

Hoy pretendo que este no sea un articulo más, que no sea solo un concepto más a los muchos que ya te has formado en tu interior.
Hoy quiero desafiarte a que, en tu vida diaria, puedas ofrecerle a Dios una verdadera adoración. Podrás preguntarme: ¿Y cómo lo hago? Lo primordial es la Sinceridad.

En lo que decimos.
Es hermoso saber que podemos venir a Él "tal cual somos". La sinceridad debe caracterizar al adorador. Él nos conoce, sabe cuanto de verdad hay en nuestras palabras, cuan autenticas son nuestras promesas, cuanto queremos cambiar realmente. Relacionamos adoración con cantos bonitos, y sí que los hay. Diversos autores han expresado tantas hermosas frases, que muchas veces resumen lo que le queremos decir a nuestro Dios, pero otras tantas veces no es justamente lo que Él espera de nosotros.
Él espera adoración, que de lo más profundo de nuestro corazón podamos sacar lo que sentimos, lo que significa para nosotros.
Tal vez lleguemos cansados, emocionados, tristes o afligidos quizá, pero lo importante es que lleguemos rendidos para reconocerlo como Él es. Dios quiere que le digamos lo que sentimos y lo que pensamos, que brote de nuestro corazón la verdad.
Verdad que reconoce que sin Él no somos nada, que es todo para nosotros, que venimos ante su trono y solo podemos admirarlo, amarlo, agradecerle, exaltarlo.

En lo que hacemos.
Al igual que nuestro cantos, hemos aprendido "formas de adorar". En la palabra vemos diferentes posturas: arrodillarnos, postrarnos, levantar nuestras manos, inclinarnos, etc. Pero lamentablemente estas formas nos llevaron a crear muchos "Patrones de conducta". Me arriesgo a decir que hemos incluso imitado las formas preocupandonos por el como hacerlo antes de hacerlo de verdad.
Hace poco leí una frase que me trajo luz en relación a este tema: Dios quiere que seas tú mismo.

Cuando te presentes ante Él, no imites, no pienses: "Debo hacerlo como aprendí, como vi a esta u otra persona". No. Él espera tu sinceridad, expresale tu adoración. Si Él te ha hecho introvertido, no necesitas cambiar eso en el momento de adorar. Sé tu mismo.

La verdadera adoración es aquella que nace del corazón, que esta empapada de sinceridad, que no necesita una determinada forma, no tiene parámetros establecidos y está basada en la verdad. Así podremos presentarnos ante Dios dándole lo mejor de nosotros y abriéndole nuestro corazón.

Te animo a que, a partir de hoy, cuando te presentes ante Él, te propongas ofrecerle una verdadera adoración que nazca de tu interior y se proyecte directamente a través de tu forma de ser. De esta manera, Dios te va a reconocer tal como eres, su hijo amado, el que lo está adorando.

Bendiciones


Patricio.

martes, 23 de septiembre de 2008

El arado, ablanda.


Don Roberto, hombre muy rico, tenía de todo en abundancia. Podía comprar lo que se le antojara. Una tarde tomó en sus brazos a Margarita, su pequeña hija de diez años de edad, y después de juguetear con ella por un momento le preguntó:

—¿Has pensado en lo afortunada que eres por ser hija del hombre más rico de esta ciudad? —Sí, papá, todos te envidian. ¡Cómo quisieran tener ellos tu felicidad! Todo le iba bien a don Roberto. Pero la vida tiene sus giros imprevistos, y a los pocos meses Margarita murió en un horrible accidente. Esto era más de lo que Roberto podía sobrellevar, así que se dio a la bebida, al juego y a la vida licenciosa. Con el tiempo perdió todos sus bienes.

Quebrantado de espíritu, dejó la ciudad donde había sido tan popular, y se fue peregrinando en busca de paz y consuelo.

Al pasar por una población, vio que un hombre revolvía el trigo con una gran pala.

—¿Por qué no dejas en paz esos granos? —le preguntó.

—Para que no se pudran —fue la respuesta.

Pasando luego por un campo, vio a otro que araba la tierra con una reja muy aguda.

—¿Por qué cortas tan profundo la tierra? —inquirió.

—Para que sea más blanda, y así se empape bien de lluvia y sol —respondió el campesino.

Mientras pasaba por un viñedo, observó que un obrero cortaba, con tijeras, los sarmientos de las matas.

—Amigo —preguntó Roberto—, ¿por qué atormentas esos sarmientos?

—Para que den una cosecha buena y abundante —contestó el obrero.

Don Roberto se quedó muy pensativo. Caminó hacia la soledad de un bosque cercano, cayó de rodillas, alzó reverentemente los ojos al cielo y exclamó: «¡Señor mío!, yo soy el trigo que has revuelto para que no me pudra. Soy la tierra que has cortado para que me vuelva blando. Y soy el sarmiento que has podado para que dé buen fruto. Ayúdame a someterme a tu mano fuerte para llegar a ser el siervo útil que Tú quieres que sea.»

Don Roberto comprendió que los golpes de la vida producen madurez, fuerza y gracia, y una verdadera paz inundó todo su ser. A pesar de haberlo perdido todo, llegó a comprender que podía ser un hombre verdaderamente feliz.

Feliz es la persona que en medio de la disciplina aprende su lección. La Biblia declara que todas las cosas les ayudan a bien a los que a Dios aman. Pidamos de Dios esa clase de fe, y veremos que cuanto más oscura es la noche, más glorioso es el amanecer. Cristo quiere ser nuestro compañero de viaje en nuestro peregrinaje por este mundo.
Que Dios te bendiga.
Patricio.