viernes, 25 de abril de 2008

Peso Innecesario

"Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Filipenses 3:14)



Antes del viaje de un joven atleta para representar a su país en lo juegos olimpicos, un grupo de empresarios se reunió y promovió un banquete en su homenaje. En la ocasión ellos le regalaron una ropa de seda, propia para la corrida. Abajo, en las costuras, había cintas doradas.

¿Que es esto? pregunto el atleta; "Esto es oro". El oro significa primera categoría . Como usted es un corredor muy importante, colocamos esas cintas doradas en su ropa". El atleta preguntó: "¿La ropa depende de esas cintas?", "No, es apenas un adorno", "Entonces saquelas, solicito el joven".
"Cuando se está compitiendo una corrida de larga distancia, al sentir el corazón batir furiosamente, los pies pesando como plomo, un competidor se esta aproximando por las espaldas, usted no quiere llevar más peso que el necesario."



Hemos corrido diariamente en la tentativa de alcanzar grandes sueños. Nuestros corazones han palpitado de esperanzas y nuestros pies, aún cuando cansados y pesados, no desisten de proseguir. Miramos para arriba, nos llenamos del combustible de la fe y, en la fuerza del Señor marchamos como soldados determinados, rumbo a las grandes conquistas.

Como atletas espirituales sabemos que precisamos despojarnos de todo peso innecesario. Cuanto mas livianos estemos, más rápido llegaremos a nuestro objetivo. Las cintas doradas de la vanidad, los botones plateados de la envidia, los bolsillos llenos de egoísmo y avaricia, las hebillas de los golpes y resentimientos, nunca serían adornos para nuestras vestiduras espirituales. Son apenas pesos y obstáculos que dificultan nuestro correr y retardan nuestra llegada.
Queremos llegar lo más rápido posible a nuestro objetivo.
Cuanto más livianos estemos, mejor. Si aún tenemos peso innecesario en nuestras vestiduras espirituales, liberemonos de él.

Nuestra bendición luego llegara.


Que Dios les Bendiga.

Patricio.

martes, 22 de abril de 2008

¡¡¡Creo en el Resucitado!!!

Creo en el resucitado, Señor de la comunidad, quien para enseñar el amor de Dios llamó a discípulos para compartir su vida.



Creo en el resucitado, el que caminó los pueblos de Palestina, el que anduvo por las orillas del lago, el que se mezcló con la gente del pueblo, para mostrar con su vida que Dios no se olvida de los hombres, conoce el sufrimiento y quiere la liberación y la justicia.

Creo en el resucitado, el que se ocupó de los que sufren, el que tuvo compasión de los enfermos, el que se acerco a los marginados, para enseñarnos que el Dios de la vida nace entre los pobres de este mundo.

Creo en el resucitado, el que se animó a presentar a un Dios vivo, el que denunció los ritos vacíos y las leyes hipócritas, el que hablo con palabras sencillas, para enseñarnos que lo importante es vivir lo que Dios propone, creo en el resucitado, el que entregó la vida, el que cargó la cruz, el que vivió el conflicto, al incomprensión y la persecución por ser fiel.

El que nos enseño que a Dios se lo conoce si se practica su voluntad. Creo en Jesús, el que vivió como Dios quiere que vivamos todos, creo en el resucitado, que nos llama a seguir sus pasos y hacer de nuestra vida una pascua para los demás, un paso del Señor para todos, un signo de que la vida es siempre mas fuerte, que toda la muerte que nuestra sociedad engendra.

Creo en Jesús porque quiero vivir como Él.

Que Dios les bendiga.

Patricio T.


domingo, 20 de abril de 2008

Dios siempre envía sus ardillas.


"El Señor tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará" (Deuteronomio 31:6)

David Brainerd, misionero para los indios, en una de sus muchas jornadas para visitar una tribu, fue alcanzado por una fuerte tormenta. Buscó un lugar para abrigarse y por fin encontró un tronco hueco de un árbol muy grande. Mientras estuvo allí, oró por los indios que estaba yendo a visitar, pidiendo que Dios cuidase de todas sus necesidades. Él no tenia nada para comer y con el pasar de las horas, sintió hambre. De repente una ardilla se aproximó del árbol.
Dentelló por algunos instantes y luego desapareció. Brainerd notó que ella había dejado algunas nueces en el camino. El misionero comió aquellas nueces. La tormenta duró tres días y el misionero permanecio allí. Todos los días la ardilla venía y depositaba algunas nueces en la entrada. David Brainerd sabía que la ardilla había sido enviada por Dios.

Como es maravilloso saber que Dios jamás deja de cuidar de sus hijos. No importando las dificultades, Él siempre provee la solución, aún cuando las circunstancias nos lleven a pensar que podremos sucumbir, Él llega y, con mucho amor, extiende las manos para ayudarnos. Él siempre tiene una "ardilla" para enviar y auxiliarnos.
Si enfrentamos luchas con enfermedades, va a enviar alguna ardilla para bendecirnos; si el problema es financiero, otra ardilla será encargada de acudirnos; Si nos sentimos tristes y solitarios, una ardilla especial surgirá para alegrar nuestros días.
Lo que debe estar bien claro para nosotros es que el Señor nunca nos desamparará. Nuestra fe no puede, jamás, perder la esperanza. Está junto a nosotros, siempre estuvo, jamas se alejará.
Las existencias de ardillas y nueces del Señor duran para siempre. No existe ninguna tempestad que pueda impedir que las ardillas espirituales y las nueces de bendiciones lleguen para todos aquéllos que confían plenamente en la provisión del Señor.

Recuerden, Dios en todo momento cuida de nosotros.

Que Dios les bendiga.

Patricio T.