miércoles, 5 de noviembre de 2008

He terminado la carrera.

El Tour de Francia 2005, en su edición 92, no sólo tuvo un campeón galardonado por séptima vez consecutiva después de la última etapa en París, sino también varios ciclistas premiados en las etapas preliminares que tuvieron que abandonar la carrera habiendo recorrido algunos menos y otros un poco más de la mitad de la vuelta.

El primer ganador de una etapa que tuvo que abandonar fue David Zabriskie, estadounidense del equipo CSC. Zabriskie ganó la primera etapa contrarreloj individual, y se mantuvo en la primera posición en la clasificación general hasta la cuarta etapa, también contrarreloj, pero por equipos. A sólo mil doscientos metros de la meta, el estadounidense tuvo la mala suerte de caerse. Fue así como perdió el primer lugar, y sufrió heridas en las piernas y en los brazos que posteriormente, en la novena etapa, lo obligarían a abandonar la carrera.

Jens Voigt, compañero alemán de Zabriskie en el equipo CSC, tuvo que abandonar en la undécima etapa. Se puso triunfante el jersey amarillo del mejor clasificado al final de la novena etapa, lo lució con merecido orgullo el día de la décima, y al día siguiente ¡terminó la etapa fuera de plazo y fue descalificado!

El velocista belga Tom Boonen ganó dos etapas consecutivas, la segunda y la tercera, y encabezaba la clasificación de la velocidad cuando abandonó la carrera en la duodécima etapa.

Por último, Alejandro Valverde, el ciclista español en el que muchos hispanos habían cifrado sus esperanzas a pesar de que corría en su primer Tour, tuvo que abandonar en la decimotercera etapa, sólo tres días después de haberse adjudicado su primera victoria. En esa décima etapa le había ganado de modo impresionante al entonces seis veces campeón Lance Armstrong en los últimos metros del ascenso a la montaña.

Estos cuatro destacados ciclistas profesionales tienen en común que comenzaron bien la carrera y, ya sea por mala suerte o por desgaste de reservas físicas, la terminaron antes de tiempo. Lo único que les quedó fue la esperanza de volver a hacer el intento de completar la carrera el año siguiente.

A diferencia de Zabriskie, Voigt, Boonen y Valverde en el Tour de Francia 2005, ninguno de los que corremos en el Tour de la Vida puede abandonar ese recorrido que hace por las carreteras planas y montañosas de la existencia humana y al mismo tiempo poner las esperanzas en una carrera futura, ya que hay una sola carrera. San Pablo estaba tan consciente de esta verdad que dijo que, a pesar de saber que le esperaban sufrimientos, lo que contaba no era su propia vida sino terminar la carrera y llevar a cabo la tarea que Cristo le había encomendado. 1 Por eso, al final de su vida, después de haber soportado un sin número de contratiempos, pudo decir triunfante: «He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás, me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día». 2

Corramos con esa determinación, inspirados por las palabras del gran apóstol, de modo que podamos algún día andar en calles de oro, vestidos de blanco, en caravana triunfal con el pelotón de corredores que han de recibir esa misma corona de justicia, la corona de la vida que les promete Cristo a todos los que le sean fieles hasta la muerte.

Te invito que leas:
Hch 20:23-24
2Ti 4:7,8
2Co 2:14; Ap 2:10; 3:4,5; 21:21

Que Dios les bendiga.

Patricio.

Somos solo Mayordomos.


"Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor" (Mateo 25:21)

Un día, cuando el Dr. Truett estaba predicando para los ganaderos en el sudoeste de Estados Unidos, un ranchero si aproximó a él al final del sermón y le dijo: "Yo nunca supe, hasta su predicación de hoy, que las tierras del rancho y las millares de reses que yo siempre dije ser de mi propiedad, en la realidad no son mías. Todo Pertenece a Cristo y yo soy simplemente Su mayordomo. Hasta hoy nadie me había dicho eso. Yo no he sido un buen cristiano y ni sé lo que Cristo espera de mí. Yo le pido que ore y diga al Señor que yo tomaré mi lugar y que aceptaré mi función de mayordomo".

Truett entonces oró, y el ranchero, tan pronto consiguió controlar sus emociones, concluyó la oración del predicador de la siguiente forma: "Maestro, ahora soy yo, ya en mi nueva posición. Quiero ofrecer también a mi hijo junto con todo lo más que poseo. Él ahora es tuyo."

¿Cómo hemos administrado nuestros bienes? ¿Han sido nuestra prioridad, el motivo mayor de nuestra existencia?
¿La única cosa qué verdaderamente nos interesa? ¿Hemos dejado que la avaricia y el egoísmo nos dominen al punto de nunca estemos satisfechos con lo qué ya tenemos?

¿Cuál es el papel del Señor en nuestros negocios? Sirve solo para que pidamos que nos dé eso y aquello, o ¿le hemos dado el control y dirección de todo? ¿le hemos dado todo el honor y sido fieles ofreciendo la parte que le Pertenece para que otros sean también bendecidos cómo nosotros?

Solo seremos verdaderamente felices con aquello que el Señor nos ha concedido si todo esta colocado en Su altar para que Él use conforme a su voluntad. El mayor bien que podemos tener no son las propiedades y el dinero, si no el Señor en nuestros corazones.Con Cristo en nuestras vidas, con muchos o pocos bienes, siempre seremos felices.

¿Usted ya colocó todo cuanto tiene en el altar de Dios? ¿Ya ofreció a sus hijos para que Él tome cuenta y sean considerablemente bendecidos?

Que Dios te Bendiga.


Patricio.

¿Sabes como cazan al mono en Africa?


Tienen una manera muy ingeniosa.

Atan bien fuerte al árbol una bolsa de piel con arroz, la comida favorita del mono. En la bolsa hay un agujero de tamaño tal que por allí pueda pasar justamente la mano del mono, pero una vez lleno el puño de arroz, no pueda sacarla de nuevo.. ¡Pobre mono! va al árbol, mete la mano en la bolsa y la llena con la exquisita comida.

Sí, pero... no puede sacar el puño a menos. En ese momento sale del escondrijo el cazador; el pobre mono grita, salta, se debate... en vano.

El cazador lo apresa. Y sin embargo, el tonto mono no hubiera tenido más que abrir la mano y soltar el botín, y estaba a salvo.

¡Ah, sí! Pero prefiere el cautiverio, prefiere la muerte, antes que desprenderse del botín.

Cuidado, hijo, que no te aprisione también a ti el amor ávido por las cosas materiales y te arrastren a sus cárceles las negras pasiones.

Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”

Bendiciones


Patricio.